Tampoco me queda otro remedio. No voy a estar toda una (mi) vida lamentándome por lo que tontamente y/o (in)justamente [según quién lo mire], perdí. O que quizá nunca llegué a tener. Quizá eran sólo espejismos; un oasis precioso en el desierto de mi historia. Eso fue. Mentiras y más mentiras. En eso se basa todo, todo son mentiras. Y quien diga que no, miente. Jé. ¡Qué paradójico!
Pero bueno, si la moraleja es que no merece la pena basar una vida en oasis inexistentes, desde hoy (y espero cumplirlo), no vale escribir ahogada en absurdas lágrimas, no vale exponer un corazón desnutrido, exprimido, (in)latente, interfecto por inanición. Un corazón al que ya nada alimenta. No merece la pena. No.
No hay comentarios:
Publicar un comentario