Perturbada. Esa es la palabra.
De una manera extrañamente mágica me absorbió sin remedio. No pude evitarlo. (Aunque tampoco quise, sinceramente.) Me absorbió y lo noté porque me espoleó. Aguijoneó mi alma en el preciso momento en que cruzamos miradas e intercambiamos cinco o doce palabrejas sin sentido alguno. Absurdas estupideces que dices en los momentos en los que aparece alguien que te cautiva con sólo existir. ¡Qué locura! ¿Cómo va a ocurrir eso en la realidad? Que no estamos en una estúpida película o un best seller mal avenido, que estamos en el jodido mundo real. Que aquí la gente no se obnubila con una persona por sólo cruzar miradas. Que no.
Estrambótica-mente-desastrosa. Digamos que es una gran definición. Si tomamos como referencia la mezcolanza de estupideces y paranoias varias que por mis neuronas navegan como simples canoas de madera que no soportan ni mi peso ni el de mi acompañante. Tú. Que me has robado las noches y te has quedado mis pensamientos para ti. Me has secuestrado. Me has embelesado con el simple hecho de regalarme tu existencia, tu aparición fugaz en mi vida. Puede que no volvamos a vernos, y puede que un día te pregunten por mí y pienses que no me has conocido nunca. Pero ¿y si no? ¿no podría ser que resultaras o resultases ser tú y que has tenido que aparecer porque el curso de la historia así lo precisaba? ¿tan imposible es? ¡Qué locuras! ¿Tú? ¿Pero cómo es posible? Me rindo ante tu pre-au-sencia. Me rindo ante tus palabras y tus no-palabras. Tus historias que me suenan a las mías. Me rindo ante ti.
Sensaciones.
Inventando palabras y descubriendo letras nuevas, letras de otro abecedario, uno tan diferente y semejante al mío que me estremece y por supuesto, por su puesto, me perturba.
Perturbada, sí. Esa es la palabra.
Majareta pero para bien, querida.
ResponderEliminarYo te prefiero así. (Sonrisote)
(Esto es menos reprimenda, ¿no?)